Una decisión se define como el resultado de un proceso
mental llevado a cabo por un sujeto o un conjunto de ellos, e incluye a la
elección entre una serie de alternativas probables para solucionar una
situación particular.
Las decisiones pueden ser clasificadas de la siguiente
manera:
DECISIONES PROGRAMADAS O ESTRUCTURADAS: las decisiones
programadas se caracterizan por llevarse a cabo de manera habitual; son de
carácter repetitivo y forman parte de la rutina. Están englobadas dentro de aquellos problemas que tienen
lugar regularmente, y por consiguiente, se cuenta preventivamente con reglas o
procedimientos claramente pautados, a través de lo cuales se llega a la
solución de forma sencilla.
Las decisiones estructuradas surgen a partir de normas de
carácter formal o informal, las cuales permiten al sujeto tomar decisiones
fácilmente debido, principalmente, a que eliminan las otras alternativas
posibles. Estas decisiones son utilizadas para afrontar inconvenientes u obstáculos simples
como aquellos de gran complejidad. Mientras los elementos que forman parte de
los mismos puedan ser anunciados y estudiados previamente, entonces las
decisiones que se tomen al respecto serán programadas.
DECISIONES NO PROGRAMADAS: de manera inversa a las
anteriores, esta clase de decisiones son tomadas cuando surge un problema u
obstáculo poco habitual. También suelen llevarse a cabo cuando es necesaria la
utilización de un modelo o proyecto concreto y determinado. Las decisiones no programadas trabajan con dificultades de
carácter excepcional, y muchas veces, los problemas más significativos son los
que demandan esta clase de decisiones.

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